jueves, 27 de noviembre de 2008

Maltrato y grosería

Llevo ya unos meses pensando en escribir acerca de la degeneración de la sociedad en la que vivo, cada día más caracterizada por la falta de valores, falta de educación y falta de respeto por las normas cívicas, imprescindibles para vivir en sociedad.
Me he dado cuenta de que conforme ha ido pasando el tiempo dicha sociedad se ha ido des-socializando. Y no se vayan a pensar que soy una persona mayor chapada a la antigua, para nada, soy una mujer joven de 36 años. Tampoco piensen que creo la culpa es de la juventud, para nada, esa es la excusa fácil de la gente mayor para echarle la culpa a otros.
Les cuento, hace unos meses, cuando iba a buscar a mi hijo pequeño al cole , cuando pasaba por el paseo del río Lagares, me quedé de piedra al ver como una mujer de unos 70 años que acababa de beberse una lata de aquarius la tiraba, así sin más, al suelo, como si fuese lo normal… con el agravante de que en ese momento justo pasaba delante de un contenedor de basura. Como me indignó mucho lo que estaba viendo, y me cuesta morderme la lengua, le dije que parecía mentira que teniendo el contenedor delante tirase la lata al suelo. Saben lo que me contestó la señora? No se crean que me dijo algo así como “lo siento” “ no me di cuenta” “tiene razón”… que va! me dijo que para eso estaban los basureros… Qué les parece??? Me dieron ganas de decirle algo así como que a los cerdos les gusta andar entre mierda, pero esa vez sí que me mordí la lengua.
Esto me dio mucho que pensar. Traté de imaginar la educación que esta mujer les habría dado a sus hijos, y éstos a los suyos… Trate de imaginar la situación si hubiera sido yo la que hubiera tirado la lata, no se me ocurriría, pero aún así trate de imaginarlo… y verdaderamente se me caería la cara de vergüenza al suelo si alguien me llamase la atención, y por supuesto, trataría de disculparme.
Lo que estamos viviendo contamina a todos; niños, jóvenes y mayores; hombres y mujeres; urbanos y rurales; ricos y pobres.
El pasado domingo 2 de noviembre apareció publicado en la última página del suplemento semanal de El País el artículo Maltrato y grosería de Javier Marías que describe perfectamente todo esto de lo que les hablo. Así que como él escribe mucho mejor que yo, les dejo con su artículo.


Maltrato y grosería

Cuando escribo estas líneas, son ya sesenta y una las mujeres muertas por sus maridos o parejas, o por quienes lo fueron, o por quienes aspiraban a convertirse en tales y se vieron rechazados. Nadie acaba de explicarse por qué no sirven de nada, en lo referente a este cómputo siniestro, el endurecimiento de las leyes ni las medidas protectoras ni los aleccionamientos que se sueltan desde la prensa y las televisiones. A mí, sin embargo, no me extraña mucho que en España nada de eso haga mella, y que toda tentativa de hacer menguar el número de esos crímenes resulte más bien inútil, porque lo que no se combate es la grosería general de la gente, que de hecho va en aumento, y que es lo que propicia y alienta los comportamientos violentos. El maltrato a las mujeres no se debe ni puede tomar como algo aislado, sino que es también consecuencia del ambiente general reinante.
Todo es paulatino, pero sin duda habrán observado -los de cierta edad, me refiero- un cambio antinatural en nuestras costumbres. Siempre ha habido personas groseras, abusivas, incivilizadas, avasalladoras, ruidosas, chulas, egoístas y desconsideradas, que han ido por el mundo como si sólo existieran ellas. Pero a estas personas, tradicionalmente, se les afeaba la conducta de manera espontánea. A los que cantaban o daban voces energuménicas a las tres de la madrugada se les chistaba; al que tiraba una botella o una bolsa al suelo teniendo cerca una papelera, se le llamaba la atención; al vecino escandaloso se le protestaba; se le paraban los pies a la señora que en una cola se saltaba el turno; al que cometía una infracción con el coche y ponía a otros en peligro, se le señalaba y tal vez se lo abroncaba; no digamos al automovilista que plantaba su vehículo en medio de una calle de carril único y se bajaba a sus recados ocasionando un monumental atasco; a los infrahumanos que se dedicaban a volcar contenedores de basura o a destrozar cajeros y bancos, se los miraba con reprobación como mínimo; incluso se reprochaba a un gañán joven que no cediera su asiento en el autobús a un anciano o a una embarazada. Había unas normas de cortesía -más aún: de educación- que con frecuencia se incumplían, pero se hacía ver al incívico que las estaba quebrando, y por eso seguían siendo normas.
Esas normas han saltado por los aires y ya no funcionan como tales, lo cual es el enésimo paso para su sustitución por otras salvajes, hacia las que nos encaminamos o quizá ya hemos llegado. Hoy nadie se atreve a lo que antes era habitual, es decir, a afearle a nadie una conducta. Ya pueden pasarse la noche chillando unos botelloneros, que no habrá un solo vecino insomne que ose abrir la ventana y gritarles que ya está bien y que no hay quien duerma, porque puede recibir botellazos y pedradas. A lo sumo esos vecinos tendrán el "arrojo" de llamar a los municipales, sabedores de que éstos se quedarán cruzados de brazos. Si alguien bloquea con su coche la calle, los que vayan detrás se aguantarán pacientemente y ninguno le rechistará al muy bestia cuando reaparezca, porque se arriesgan a que éste les dé con un martillo en la cabeza, por meticones. Si alguien recrimina a unos descerebrados la destrucción gratuita de algo, es probable que se lleve una paliza o que le metan una cuchillada. Los padres a quienes sus hijos adolescentes sacuden -más bien madres, claro-, se entristecen y se callan. Estas reacciones violentas por parte de quienes no se comportan con respeto han achantado a la población, que agacha la cabeza y se fastidia. Nadie dice nada y todos miran hacia otro lado. Yo mismo dudé hace unos días: un empleado municipal de limpieza (!) estaba meando contra un arco de la Plaza Mayor de Madrid, uno de los lugares más visitados de la ciudad y que, lejos de relucir, está siempre hecho una porquería y convertido en favela, feria y basurero al mismo tiempo. Pero por fin no pude contenerme: "¿Qué, ensuciando para limpiar más luego?", le dije al pasar. Creo que me salvé de una agresión porque el tipo estaba a media faena y no debía de apetecerle una mictio interrupta, pero me llevé un par de insultos leves en lugar de una disculpa. Si al menos el funcionario hubiera contestado, como podía haber ocurrido antaño, "Es que no podía más, usted comprenda" ... Pero eso sólo era posible cuando se tenía conciencia de quebrantar una norma. Ahora el que peor se porta es el que se carga de razón -es un decir- y se pone farruco, y no tolera ni la desaprobación de sus groserías y gamberradas. Demasiada gente tiene interiorizada esta idea: "Hago lo que me da la gana y además tengo derecho". Los policías de este país padecen en general el mismo acobardamiento que los ciudadanos particulares: prefieren cruzarse de acera y no meterse en líos, aunque se les pague (mal) para lo contrario. No sirven de casi nada, en lo cotidiano.
En un lugar que cada vez más fomenta el amedrentamiento y beneficia al fuerte (bueno, otro decir, cualquier chincharelo te saca hoy una navaja y te pincha el intestino), no es nada raro que el mismo cabestro que vocifera, petardea con su moto, conduce como un matón o va por la calle a empellones sin que nunca se le diga nada, le dé una tunda a su mujer o a su ex-novia, que será siempre más débil. Que se desengañen las autoridades, empezando por Zapatero, tan justamente preocupado por el asesinato masivo de mujeres: nada mejorará en este capítulo mientras las normas básicas de convivencia permanezcan abolidas.

Javier Marias

25 comentarios:

Trebi dijo...

Los tiempos que estamos a vivir, creo son fruto de lo sembrado....., con unas Radios y una TVs, que si tienes tiempo, por ejemplo por una gripe, escuchas los programas, ves las Series y los realite....etc.
Pues, reflexionas un poco ... y sales a la calle :ves lo que ves o escuchas y quiza ya no te enfadas, piensas:Pues que suerte ser de una minoría , que no ve TV, no eschucha Radio... y todo el tiempo le es poco para disfrutar de lecturas y obtener nuevos conocimientos y recreos formativos....
Un saludo cordial :Trebi

Navegante dijo...

Es verdad que estamos ante una crisis, pero no sólo económica, si no de normas, de valores... A esta situación han contribuido múltiples factores, empezando por la pésima educación que ha habido en España en los últimos años, no sólo por parte de los colegios, sino también por parte de los padres, esas personas tremendamente atareadas, con poco tiempo que dedicarle a sus hijos y que descargan parte de su responsabilidad en los colegios.

¿Cómo es posible que ahora que se tiene más información haya menos educación?, ¿educación para la ciudadanía? ¿Esa es la respuesta frente a esta crisis de valores?

Por otro lado, los modelos que se nos venden por televisión, carentes de la más mínima dignidad han contribuido también a extender esta idea de que "todo vale", el fín justifica los medios: fulanita cobra x millones por decir que se acostó con menganito, citanito cobra por contarnos que no encuentra el dinero que ha robado..., y así podríamos continuar.

Desgradiadamente, seguramente a todos se nos vendrán a la memoria multitud de ejemplos de personas que han vulnerado las leyes y no han obtenido ningún castigo por ello... Esa sensación de impunidad a la que Marías se refiere.

La verdad es que es un tema muy complicado y que daría para llenar líneas y líneas de comentarios...

Jose Manuel dijo...

Estoy de acuerdo con vosostros,pero yo creo que esto es propio de las ciudades.Me vine a vivir a Vigo desde un pueblo de Asturias y valla si note todo esto que comentais.Es diferente en sitios pequeños,en las cuidades y me refiero a las que conocco,la gente anda mas acelerada y la falta de valores de de etica es evidente.
Un saludo y animo con el Blog

Fran dijo...

Cuando pensé en traer a mi hija al mundo estuve pensando en muchas cosas, entre ellas esto que comentas hoy. En general hay una pérdida de valores mires donde mires. Trabajo de cara al público y lo veo todos los días.

Todavía puedo recordar como en el instituto, cuando impartía clase 'el Cervera', ya podía haber sonado la campana, que el sr. profesor, (catedrático desde hace unos 15 años), terminaba de impartir su clase sin ningún tipo de murmullo o comentario por parte de sus alumnos durante el tiempo que necesitara.
Tiempo más tarde acudí a una de sus clases (tres años después de haberlas recibido yo), y vi con pesar como ya habían cambiado las cosas. Por ello creo que todos estos valores y conductas deben ser transmitidas a los peques por sus papis (que para eso los hemos traído al mundo) y no delegar esta función en los docentes.

Los niños son unas 'esponjas' y aprenden tan rápido que ni nos damos cuenta y todas las conductas (reprobables o no) que manifestemos en su presencia, lo tomarán como algo normal.

Este tema me podría servir como pretexto para hablar de muuuuchas cosas, de como nos estamos cargando el mundo, de que como personas no nos toleramos unos a otros (y saltamos a la primera de cambio...) por mencionar algunas...

Nautijorge dijo...

Muy adecuado el post. También pienso lo mismo. Pero otra cosa que me llama la atención cuando se publican encuestas del tipo: ¿En qué crees que debería invertir más el Gobierno? o ¿Cuales son los problemas principales de la población?
La respuesta unánime suele ir encabezada por la economía (trabajo), el terrorismo...(que evidentemente son problemas) y muy muy a la cola, si es que alguien la menciona, esta la EDUCACIÓN, que desde mi punto de vista, su falta es el germen de la mayoría de los problemas, y su mejora sería la solución de muchos de ellos.
En fin, se podría hablar tanto de ello... pero está muy bien que hayas tocado el tema, está en la mente de muchos pero no por ello hay que obviarlo.
Un saludo Amiga Atlántica.

Haddock dijo...

Esclarecedor artículo, bien escrito, y con opiniones que comparto.

Hace días traías a estas acogedoras aguas unos videos que nos mostraban parte de la ciudad de Vigo y de algunos de los seres que sobreviven en su barrio antiguo, abandonado y ruinoso no sólo físicamente; ahora regresamos, con el mal trato, la grosería... la mala (o nula) educación; con desalmados para los que "Todo vale", para quienes "No hay ningún límite",los que tienen por divisa "Hago lo que me da la gana y, además, tengo derecho"...sin importar a quien pisoten, ignoren, humillen, desprecien, dañen.

Es mucha la mala gente que camina y va apestando la tierra, ¿Por qué? ¿Para qué? y sobre todo ¿Qué podemos hacer?.

Dejaré unos versos de Miguel Hernández (Orihuela, 30.10.1910 - Alicante, 28.03.1942), que no estaban escritos para los groseros y mal educados (aunque quizá les fuesen aplicables), sino para los cobardes en épocas tristes y dolorosas de España:

Hombres veo que de hombres
sólo tienen, sólo gastan
el parecer y el cigarro,
el pantalón y la barba.
(...)
¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
(...)
Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que váis dejando
donde colocais la planta.

En este atardecer lluvioso y gris, copiaré un poema de Antonio Machado (Sevilla, 26.07.1875 - Colliure, 22.02.1939):

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

JOSE ANTONIO dijo...

La sociedad urbana ha evolucionado pero ha perdido muchos de sus valores. Tal vez, la educación hacia los mayores y al entorno que nos rodea han sido los mas perjudicados.
Haría falta menos programas basura de TV y juegos violentos, y más conciencia de que formamos parte de un todo, si destruimos el planeta, nos destruimos a nosotros mismos.
Prediquemos dando un buen ejemplo.
Un abrazo.

Amiga Atlántica dijo...

La verdad Trebi, es que yo dejé de ver la TV porque me di cuenta de que era perder el tiempo y que lejos de educar y formar, embrutece.
Lo bueno de internet es que cada uno elije lo que le interesa, no tiene que tragarse lo que le echen como en la TV, bueno eso y que además se hacen amigos, verdad?
Un abrazo

Amiga Atlántica dijo...

Hola Navegante, como madre trabajadora que soy discrepo de su primera parte del comentario.
Es cierto que ahora los padres estamos más atareados, pero donde yo vivo todo está muy caro y hacen falta dos sueldos en casa para salir adelante.
Por otro lado, creo que los tiempos en los que las mujeres se quedaban en casa limpiando, cocinando y criando a sus hijos han pasado, afortunadamente, a mejor vida.
Así que lo lógico sería que los empresarios ofrecieran jornadas laborales que permitiesen conciliar la vida laboral de los padres con la familiar, pero eso es una UTOPIA, NO EXISTE, te piden que te pases en el trabajo el máximo tiempo posible pagándote, en la mayoría de los casos, lo mínimo.
Respecto al colegio creo que su papel en la educación de los niños es fundamental. ¿Recuerda como se llamaba el ministerio? Educación y Ciencia.
Ahora los profesores consienten entre sus alumnos insultos, palabrotas, agresiones... pasan porque han perdido su autoridad, se la han quitado esos padres que cuando el profesor les llama para explicarles algo que han hecho mal sus hijos, éstos encima les defienden ante el profesor... yo me acuerdo cuando era pequeña, tampoco hace tanto, que si el profesor llamaba a mis padres, el castigo después lo tenía asegurado, además de que mis padres se disculpaban por lo que yo hubiese hecho.
Educación para ciudadanía no se qué contenidos tiene, pero sí que hace falta una asignatura en la que a los niños se les enseñen unas normas mínimas de convivencia para vivir en sociedad.
Estos días le enviaré el resto de las fotos del Amorina.
Un cordial saludo desde este frío fin de semana en Galicia.

Amiga Atlántica dijo...

De todas maneras, Navegante, ha escrito las palabras claves de esta degenaración que estamos viviendo: "todo vale" e impunidad, ahí radica el quiz de la cuestión, cada uno hace lo que quiere porque después no pasa nada.

Navegante dijo...

A.A., cuando hablo de la situación de hoy en día de los niños, con los dos padres trabajando fuera, no la critico, simplemente lo constato. Por supuesto que estoy a favor de que las madres trabajen, creo que es bueno para ellos, bueno para la pareja, pero,desgraciadamente no es tan bueno para los hijos. Y la culpa no es de las mujeres, ni de los hombres, pero sí de esta sociedad que nos exige más trabajo y menos tiempo para nosotros y para nuestros hijos. Hay niños que con 5 años ya tienen llaves de casa y se pasan horas solos esperando a que lleguen sus padres, y creo que eso no es bueno. Otros empiezan su jornada escolar antes de las 8 de la mañana y salen del cole pasadas las 5 de la tarde, porque sus padres no pueden estar con ellos. Triste sí, pero verdad.

En cuanto a la educación, por supuesto que el colegio, sobre todo desde pequeñitos, debe contribuir y fomentar la educación de los hijos pero, ¡ojo!, a veces se nos olvida que los primeros responsables de su educación somos nosotros y esa labor no la podemos descargar en los profesores.

Yo a mis profesores, desde párbulos, los trataba de Vd., los respetábamos y ellos se hacían respetar. Había normas y la mayoría las cumplíamos. Nos enseñaban a ser responsables, autónomos, el valor del esfuerzo. No teníamos tanta información ni medios como ahora, pero madurábamos mucho antes, sabíamos el valor de las cosas porque nuestros padres nos lo enseñaron. A nadie se le ocurría entrar en un bar con sus padres y atreverse a decir que quería algo, como mucho una fanta en dos vasos y cuando te la pedían, te administrabas tu pequeña paga de los domingos y no montabas números a tus padres en los kioskos porque quisieras esto o aquello. Valorabas lo poco que tenías como oro en paño, porque juguetes había pocos y en cumpleaños o reyes, ya que muchas cosas las heredabas de tus hermanos, primos, etc.

La LOGSE ha hecho mucho daño, pues trivializó el esfuerzo. Siempre ha habido niños más listos y menos, pero ahora parece que todos deben ser iguales y todos tienen que estudiar. El nivel de exigencia ha ido disminuyendo cada vez más (cualquier profesor, desde infantil a universidad lo puede corroborar) y el alumno enseguida cae bajo la llamada de la ley del mínimo esfuerzo.

Por otro lado, hoy en día, la mayoría de padres atontamos a nuestros hijos ya desde recién nacidos, cuando casi no vemos al niño en la cuna pues está llena de juguetes desde el primer día. Tal vez queramos darles todo lo que nosotros no pudimos tener pero, en el fondo, los estamos malcriando. Les prestamos demasiada atención, los sobreprotegemos... eso conlleva a la larga a ver muchachos hechos y derechos que todavía son niños, que no saben el valor de las cosas, pues siempre han tenido de todo y casi nunca le han negado nada.

A esto también ha contribuido el descenso de la natalidad. Hasta hace unos pocos años, en los que empieza a notarse un repunte, abundaban los hijos únicos, rodeados de mimos y poco acostumbrados a compartir.

Educar es saber decir que no. Y muchas veces se nos olvida o nos resulta más cómodo decir a todo que sí.

Amiga Atlántica dijo...

Suscribo todo lo que dice Navegante, sin embargo, y respecto al colegio, cúal se supone que es la alternativa REAL, no ideal, sino real, para los padres que trabajan de 9 a 2 y 4 a 7,tal y como hay millones de trabajos hoy en día, mientras el horario de los colegios públicos es de 9 a 2?
Tener en casa una señora que se ocupe de ellos? esa es la alternativa? yo creo que no por muchos motivos y mucha experiencia que tengo a este respecto.
En portugal no se explican esto que ocurre en España... allí los horarios de colegio coinciden con la jornada laboral de los padres, de 9 a 6 de la tarde, que es mucho más lógico, no?
Del resto del comentario coincido en su opinión con todo, y me siento orgullosa de incluirme en el conjunto, mínimo por otra parte, de madres que son rigurosas con la educación de sus hijos, que los educan para que sean maduros e independientes y que no estén siempre con sus padres detrás para sacarles las castañas del fuego, para hacerlos responsables de sus cosas y sus actos, para que sepan que las cosas se obtienen con un esfuerzo, no porquue sí.
Por supuesto, cometo muchos errores, pero procuro hacerlo lo mejor que puedo, no de la manera más fácil, sino como mis padres lo hicieron conmigo, educando.
De los hijos únicos prefiero no hablar porque en el fondo la culpa de lo que les pasa es de los padres.
Gracias por sus completos comentarios y llenos de razón.
Saludos

Amiga Atlántica dijo...

Hola José Manuel, bienvenido al blog!!! que frío, en Vigo hoy amanecimos con todo cubierto de hielo...
Respecto a lo de los pueblos... bueno, no se, yo creo que depende del pueblo y de la ciudad porque fue precisamente en un pueblo o ciudad pequeña, según los criterios que empleemos para diferencias las poblaciones, donde viví las máximas manifestaciones de grosería y mala educación que vi nunca.
Como dice el refrán: en todos sitios se cuecen habas.
Un cordail saludo y graciñas por la visita

Amiga Atlántica dijo...

Hey Fran, qué sorpresa verte por aquí!!!
Graciñas por venir y bienvenido!!!
Gracias también por tu comentario, estoy totalmente de acuerdo contigo, sin embargo, fue precisamente en ese instituto donde vi las tremendas manifestaciones de grosería y mala educación a las que me refiero en mi comentario anterior... así que no me puedo hacer a la idea de como debió estar la cosa años después...
Mis únicos buenos recuerdos de esa época se los debo a dos buenos amigos, Gema y Futu, que igual conoces ;-)
Afortunadamente al salir de allí me volví a encontrar con gente medianamente educada y correcta, sin embargo, veo que cada vez se va perdiendo más amabilidad, simpatia, tolerancia, respecto y educación.
Un fuerte abrazo y cuídate mucho, ah!, y no te olvides de volver, eh?

Amiga Atlántica dijo...

Mira Jorge, si vas a esperar que al gobierno de nuestro país le interese la educación , los valores morales y los principio de verdad... es que aún eres más inocente que yo, que ya es decir ;.)))
Mira el gobierno y dime lo que ves. Yo veo intereses, presiones, todo vale, ambición, trabajar lo mínimo, aparentar... qué se puede esperar de gente así?
El artículo lo puse para reflexionar y me alegra ver las inquietudes que despierta en cada uno de vosotros.
Un cordial saludo para las rías del norte.

Amiga Atlántica dijo...

Afortunadamente, mi Capitán, también hay muchísima gente buena, honrada, educada y amable, lo que pasa es que queda eclipsada por la chusma follonera y ruidosa, pero siguen ahí, y yo me considero una afortunada de haberme encontrado con muchos de ellos.
Apertas

Amiga Atlántica dijo...

Es vedad José Antonio, hablando de violencia y TV, no te has fijado que en las películas nos hacen creer, especialmente las americanas, que sacar un arma y ponerse a disparar es lo más normal del mundo? como el que se desayuna una taza de crispies...
No señor!!!! no es normal ni tener un arma, ni mucho menos menos tirar tiros a alguien!!! no podemos dejar que nuestros hijos, que como bien dice Fran son esponjas, vayan empapándose con ese tipo de contenidos televisivos, yo me niego.
Saludos

Joan Sol dijo...

Hola, Mar!

Estoy muy de acuerdo con el artículo de Javier Marías y con las opiniones expresadas al respecto. Sin embargo, Marías no hace más que constatar una situación y unos hechos que todos conocemos y de los que tenemos constancia a diario, y se limita a apuntar como solución a los males que describe la recuperación de las normas básicas de convivencia. Por algo se empieza, evidentemente, pero creo que las causas de la situación que vivimos hoy en día son mucho más profundas y complejas; y, en consecuencia, también lo son las soluciones.

Por lo que estoy viendo y leyendo últimamente, yo diría que muchos de nuestros problemas sociales provienen del hecho de vivir en tiempos de inestabilidad y de cambio permanente, en los que lo sólido, lo persistente, lo duradero, aquello de “para toda la vida” son valores del pasado. Eso es del todo evidente en el mundo laboral y empresarial. Antes, las fábricas, los negocios, los empleos eran casi de por vida. Ahora, entre la descentralización, la movilidad laboral, la crisis, etc., el mundo del trabajo se ha vuelto de lo más resbaladizo y todos –por muy sólidas y seguras que sean nuestras empresas y negocios-, nos podemos ver en la calle de un día para otro. Y esa transitoriedad también se hace patente en ámbito de la familia, en las relaciones entre padres e hijos, en las relaciones de pareja, en el rol de la mujer… Nos movemos en un entorno movedizo y de cambio permanente. Es lo que el sociólogo Zygmunt Bauman llama la “modernidad líquida”, en oposición a la “modernidad sólida”, que es la que dejamos atrás.

El futuro se ha vuelto impredecible e imprevisible; por tanto, no nos queda otro remedio que agarrarnos al presente, al “esto es lo que hay”. Vivimos, pues, en una realidad muy compleja que nos llena de dudas y de incertidumbre. Pero no hemos sido educados para gestionar esa complejidad e incertidumbre, sino para valores absolutos y estables. Y el resultado es miedo. En el terreno de la violencia de género, por ejemplo, hay muchos hombres que, educados en unos valores patriarcales estrictos, no entienden el nuevo papel de la mujer hoy en día, no entienden todo eso de la emancipación y la igualdad, etc. No saben como asumir y gestionar todos esos cambios, y eso les genera desconcierto, inseguridad y miedo. Y entonces recurren a la violencia en un intento desesperado y equivocado de restablecer el orden que siempre habían conocido, “porque así ha sido siempre”. Y esa misma actitud se da en otros ámbitos de la vida. Los fundamentalismos son otro intento de recuperación de valores absolutos. El caso es que cada vez hay más personas de todas las edades y clases sociales que viven atrapadas en sus miedos. A algunos les da por abrazar el budismo y a otros por intentar restablecer el orden que consideran justo a base de bombas, tiros y cuchilladas. Y otros hacen lo que les sale de las narices, sin importarles lo más mínimo lo que piensen y sientan los demás.

Está muy bien recuperar unos valores, pero… ¿cuáles? Leí hace unos días una entrevista al filósofo Salvador Pániker (además de ingeniero, escritor y editor), en la que decía que en un tiempo en el que no hay valores absolutos y han quedado desprestigiadas las palabras con mayúsculas, lo que necesitamos es una nueva pedagogía que nos habitúe a andar por el mundo sin absolutos.

¿Y eso cómo se hace? Pues no lo sé. Supongo que aprendiendo a aceptar y a gestionar el cambio y la incertidumbre del mundo moderno y “líquido”; aprendiendo a domesticar nuestros miedos y a encauzarlos; aprendiendo a descubrir todo lo bueno que nos ofrece la diversidad y a integrarlo en nuestras vidas; aprendiendo a ser dueños de nuestra propia vida y a asumir nuestras responsabilidades sin echar la culpa de todo a los demás… En definitiva, lo que necesitamos para movernos con relativa confianza y seguridad por el océano inestable y cambiante de la vida moderna es –usando una expresión de Pániker que me gustó mucho- “un arte de navegar”.

Nautijorge dijo...

Hola de nuevo Amiga Atlántica.
No me refería al gobierno, de esos, sean del color que sean, no espero nada que no sea lo que les exijamos los ciudadanos, que para eso nos cuestan tanto.
Lo que espero es que a los ciudadanos de nuestro país, y de cualquier otro, le den a la educación la importancia que tiene, y eso incluye los principios y valores. Sino no seremos mejores que los que nos gobiernan, que es bien poco.
Espero también que nunca perdamos la bendita "inocencia".
Un saludo, Mar.

Amiga Atlántica dijo...

Hola Joan,
Me alegra verte de nuevo "navegando", buena señal, no?
Bueno, bueno, bueno, menudo comentario!!! debo ser la envidia de toda la blogosfera!!! con comentaristas como tú da gusto.
Has tocado un tema muy interesante, el cambio de sólido a líquido, cómo ha cambiado todo!!! yo también fui educada para tener un trabajo para toda la vida, y con él lograr la estabilidad necesaria para vivir tranquila y afianzada, con personas a mi cargo... sin embargo, parece que lo que ha ocurrido ha sido más un proceso de sublimación, ya sabes, de sólido a gas, porque todo lo que antes se valoraba ahora se esfuma...
Valores a recuperar? pues yo los tengo clarísimos: educación, disciplina, respeto, lealtad, nobleza, sinceridad, verdad, caridad, solidaridad, cortesía. Podiamos ir empezando por esos y ya veríamos como mejoraba todo.
Un fuerte abrazo a la tripu del Corb Marí

Amiga Atlántica dijo...

Tienes toda la razón, Jorge, tenemos que empezar por nosotros.
Creo que este post me va a servir para definir mis objetivos del año que viene.
Buen viento

Haddock dijo...

Navego de nuevo por estas aguas siempre acogedoras ya que cuando escribí mi primer comentario referido al artículo de Julián Marias fueron varios los aspectos que omití, y otros han surgido en comentarios de la gentil marinería; así,desde el mediterráneo nos trae Joan Sol sus acertadas reflexiones y menciona una reciente entrevista (que pudimos leer en el suplemento dominical de varios periódicos, entre ellos el Faro de Vigo, del pasado día 30.11.08) a Salvador Pániker que citando a Bauman hace referencia a la "Modernidad líquida" (más bién "gaseosa" como acertadamente la califica nuestra Amiga Atlántica)donde lo persistente, lo duradero, lo sólido son valores del pasado, en un mundo fluido, cambiante, diluyente.

Salvador Pániker utiliza una hermosa metáfora "El arte de navegar" referida a la nueva pedagogía que nos habitue a andar por un mundo sin absolutos.

Como todo arte, el de navegar es mucho más que un oficio; navegando nos implicamos de cuerpo y alma, de corazón; todo nuestro ser, lo mejor de cada persona se pone de manifiesto al navegar, implicando al yo y al nosotros.

Ese arte inigualable se sublima cuando navegamos con esa persona tan especial, única, irrepetible...

Traeré a estas aguas a una barcelonesa, Victoria Camps, quien en sus libro "El malestar de la vida pública" (1996) citando a Tolstoi indica que:

"La ciencia no tiene sentido porque no tiene respuesta para las dos únicas cuestiones que nos importan: las que nos dirían qué debemos hacer y cómo debemos vivir".

Apoyándome en esa cita me acerco a la libertad individual y colectiva, a la conciencia del bien y del mal, y a la educación.

Victoria Camps nos recuerda como enseñar a ser libre es enseñar cuáles son los límites de la libertad; y como los griegos supieron vincular mejor que nadie la educación y la ética, entendiendo a esta como la formación del carácter.

En esta modernidad gaseosa la responsabilidad y la autonomía del individuo se difuminan facilmente cuando hay otros imperativos dominantes; para Victoria Camps:

"La educación ética ha consistido siempre en inculcar unos valores o principios de tal forma que estos acaben formando parte de la propia naturaleza, que lleguen a "gustar".
El crimen, la tortura, la falsedad, el engaño, la deslealtad son rechazables por sí mismos como algo que no conviene ni a la naturaleza ni a la convivencia humana.
La conciencia moral se adquiere cuando uno hace lo que debe hacer por convicción, no porque se lo ordenan, cuando el mal se rechaza porque se considera repulsivo y detestable, no porque haya un precepto que lo prohiba".

Para Victoria Camps la idea de responsabilidad individual es inexistente en nuestras sociedades.

¿Sera preciso (como indica Salvador Pániker en la entrevista citada) generar una revisión de todos los conceptos jurídicos y éticos?; lo dudo, y me asalta la perplejidad; ¿cual será el arte de navegar en un medio no líquido sino gaseoso? y en el que hay que revisar todos los conceptos éticos ¿?, y cómo hacerlo sin que eso conlleve la "Abolición del hombre" (utilizando el título de un ensayo de C.L.Lewis), y sin que nuestra conciencia moral o ética actue.

Terminare, disculpándome por la extensión del comentario, con una cita de Albert Camus (L´homme revolté)tomada, también, de Victoria Camps:

El "nosotros" define paradójicamente un nuevo individualismo...Cada acción colectiva, cada sociedad suponen una disciplina y el individuo, sin tal ley, no es sino un extraño doblado por el peso de una colectividad enemiga. La sociedad, y la disciplina pierden su dirección si niegan el "nosotros". En cierto sentido, yo en solitario soporto la dignidad común que no puedo dejar que se rebaje en mí ni en los otros. Este individualismo no es gozoso, siempre supone lucha y, a veces, una alegría sin igual, resultado de una compasión fiera".

Joan Sol dijo...

Hola, Mar!

Has dado en el clavo con eso de la "modernidad gaseosa"; ¡me gusta el concepto!

Felicidades por tu artículo, amigo Haddock. Victoria Camps me parece una referencia imprescindible cuando hablamos de educación, tema que ella considera la gran asignatura pendiente de nuestra sociedad. Copio una reseña de su libro de reciente edición, "Creer en la educación", que me parece que suscribimos todos:

"El problema fundamental que tiene la educación en nuestros días es la falta de fe. La educación ha perdido el norte, ha caído en la indefinición y ha olvidado su objetivo fundamental: la formación de la personalidad. Una formación que corresponde, sobre todo, a la familia, pero también a la escuela, a los medios de comunicación, al espacio público en todas sus manifestaciones. Urge, por tanto, volver a valores como el respeto, la convivencia, el esfuerzo, la equidad o la utilización razonable de la libertad. Es necesario recuperar el buen sentido de conceptos como autoridad, norma, esfuerzo, disciplina o tolerancia. Y, por encima de todo, hay que cambiar de perspectiva, eliminar tópicos y asumir que estos valores, estas actitudes, se pueden y deben enseñar. No podemos inhibirnos de la responsabilidad colectiva que supone educar. El futuro y el bienestar de la sociedad depende de nuestro compromiso".

Hoy, frente al faro de Cap de Creus, me he acordado de vosotros. Espero que pronto podamos compartir el panorama impresionante que se ve desde allí.

Amiga Atlántica dijo...

Capitán Haddock, Joan Sol,
Muchísimas gracias por vuestos documentados comentarios, creo que es bueno que se abra el debate en torno hacia "donde vamos" y si queremos o no ir hacia ahí... yo, por mi parte, y en este contesto concreto de la educación y los valores, preferiría no haberme movido nunca de la socidad de hace 30 años, con sus pros y sus contras, creo que era más civilizada que en la que vivimos hay en día.
Respecto al Cap de Creus... me muero por ver las vistas desde allí!!!
Mis mejores deseos para los dos!!!

Luz Vila dijo...

HOLA Mar
Otra vez aquí interesada en el tema que has propuesto.Muy buenos los comentarios de Navegante,Joan, Haddock y los tuyos.La sociedad avanza tan deprisa que algunos valores morales y de convivencia se están perdiendo.Como tú dices ¿qué está pasando y a dónde vamos?.El ámbito que conozco y me preocupa es el de la educación . Necesita un debate en profundidad.Se nos pinchó la burbuja de la construcción ... que no se pinche en la educación. Devolver el prestigio a los mestros y profesores y promover cursos de formación contínua o sea ,invertir en educación . Cuántas veces son los padres los que desautorizan al profesor en perjuicio de su hijo.
Empecemos el año con optimismo pues tenemos una juventud muy valiosa y solidaria que tantas veces nos sorprende.
Deseamos que impere la cordura en el mundo y entremos en una etapa ,diferente a la anterior.Creo que sí,estamos esperanzados. Un abrazo Mª LUZ