El domingo amaneció estupendo, soleado y con vientecillo, así que mientras en Bolha terminaba de darle los últimos retoques al Veronique, el Capitán Haddock y yo nos fuimos a desayunar con O Pardal unos galaos con natas, por supuesto. No hay un desayuno mejor que un café portugués y una natiña recién hecha…
De vuelta en el puerto nos encontramos con el Capitán Veiga y Marieke (a quien le dimos lo que quedó del bolo de chocolate…), y con las distintas tripulaciones que iban poniendo los barcos a punto para partir hacia Berlenga.
Poco a poco comenzaban a salir los barcos, pero nosotros fuimos de los últimos porque estábamos amarrados al pantalán con tres barcos abarloados a estribor.
Aunque había vientecillo y bastantes olas, la verdad es que el trayecto hasta la isla a bordo del Veronique comandado por el Capitán Veiga y tripulado por el Bolha y Haddock fue todo un paseo. Qué bien navega el Veronique!!! Aunque no fue fácil debido a las rociones de agua de mar que entraban por estribor, conseguí tomar esta serie de fotos durante la travesía a la Isla.
Lo que más llama la atención cuando te vas acercando a Berlenga es el color anaranjado intenso de su piedra (es un granito muy rojizo), el faro en su cumbre y el pequeño fuerte de San Juan Bautista.
Después de llegar y largar el ancla, vean que contentos se les ve a Haddock y el Bolha después de la maniobra de fondeo (no sabían lo que se les venías encima…), permanecimos un ratito a bordo ya que el viento era muy fuerte y temíamos que el Veronique pudiera garrear, como efectivamente hizo… el problema fue que al intentar levantar nuestro fondeo éste quedó enganchado en el fondeo del Blue Moon I, lo que supuso muchísimo trabajo (y energía al Bolha) para lograr desengancharlos. Al final lo conseguimos!!! Y fondeamos en un sitio más protegido del viento.
El Bolha nos acercó al muelle con el dingui y allí… maravillosas aguas cristalinas… pena no haber llevado las gafas de bucear.
Nos dirigimos hasta el restaurante donde se estaban asando las sardinas… qué bien olían y qué ricas estaban!!! Ya saben que en esta época del año las sardinas están en su punto, con toda su grasa, jugosas, jugosas!!!
Luego al terminar, como vi que el viento había aumentado (decían que habría unos 30 nudos) y se veían unas olas impresionantes, decidí que lo mejor sería dejar el Veronique en las manos de los expertos marinos Veiga, Haddock y Bolha, y yo volverme a Peniche en el Cabo Avelar Pessoa.
A pesar de que el Cabo Avelar Pessoa es un barco bastante grande y pesado se movió muchísimo de vuelta a Penich. Había muchísimo mar, así que me reafirmé mi idea de que lo mejor fue volverme a Peniche.
Al legar me cojí el bus hasta Nazaré donde esperé a que llegaran los barcos de la regata.
Luego poco a poco fueron llegando los demás
El Veronique llegó muy tarde, de hecho creo que entró el último, ya de noche porque durante el trayecto desde Berlenga se soltó el ancla y les llevó cerca de dos horas conseguir volver a subirla a bordo, debido a las malas condiciones del mar.
Mis temores sobre el estado de la mar se confirmaron a su llegada, olas de 4 metros y viento en contra de 30 nudos durante 30 millas… Me contaron, además, que se pusieron chorreando no se cuantas veces… Menos mal que no fui!!!
Luego todas las tripulaciones se fueron a cenar a un restaurante de Nazaré. Y el Capitán Haddock y yo nos volvimos para Vigo, donde nos aguardaban tres churumbelillos dormiditos.
Les dejo con este atardecer que capté desde el espigón de entrada al puerto de Nazaré mientras esperaba la llegada del Veronique.